El acceso a la atención sanitaria para niños con trastorno del espectro del autismo (TEA) sigue siendo un reto significativo, especialmente en contextos donde los profesionales no disponen de formación específica sobre autismo. Una revisión sistemática en Reino Unido ha identificado que una de las barreras principales en pediatría, centros de salud, enfermería y hospitales de atención general es la falta de conocimientos y habilidades para adaptar la comunicación, comprender las necesidades sensoriales e interpretar los síntomas de los niños autistas. Cuando este conocimiento no existe, las familias a menudo perciben que los profesionales no saben cómo interactuar con su hijo, lo que genera estrés, desconfianza y dificultades en el establecimiento de un vínculo clínico seguro.
Además de la formación, el estudio destaca la necesidad de adaptaciones ambientales y comunicativas que, siendo simples, tienen un impacto muy significativo: consultas más tranquilas y previsibles, espacios con menos ruido y luz intensa, tiempo suficiente para adaptar la comunicación, posibilidad de explicar paso a paso qué pasará, y sensibilidad por los posibles desencadenantes sensoriales. Estas medidas no sólo facilitan el acceso y reducen la ansiedad, sino que también permiten que la persona autista exprese mejor lo que le ocurre, mejorando la calidad de la evaluación y del tratamiento.
Cuando los profesionales están formados y el entorno se adapta, pueden evitarse diagnósticos tardíos, tratamientos inadecuados y complicaciones futuras en salud mental y física. Además, las familias manifiestan una mejora en su confianza y perciben que el sistema sanitario es más accesible y respetuoso con sus necesidades.
¿Qué implicaciones tiene?
Estas adaptaciones hacen que la experiencia sanitaria sea menos estresante y más efectiva, ya que facilitan que la persona con autismo pueda expresar mejor lo que necesita o qué le pasa. También previenen complicaciones de salud: cuando los síntomas son escuchados e interpretados adecuadamente, las intervenciones pueden realizarse de forma precoz y eficiente. Por último, mejoran la confianza y la percepción de las familias, reduciendo la sensación de que el sistema no está preparado para atender a las personas autistas.
Evidencia clave
La revisión sistemática de Babalola y colaboradores (2024) analiza las barreras y facilitadores en el acceso a la salud para niños autistas en Reino Unido. Los autores destacan la carencia de formación profesional y la necesidad de adaptaciones simples pero esenciales para mejorar la atención clínica y el bienestar familiar.
Referencia:
Babalola, T., Sanguedolce, G., Dipper, L., et al. (2024). Barriers and Facilitators of Healthcare Access for Autistic Children in the UK: en Systematic Review. Review Journal of Autism and Developmental Disorders. Enlace directo: https://doi.org/10.1007/s40489-023-00420-3